sábado, 29 de enero de 2011

SABERSE EN DEUDA

ésta es mi deuda:
arrancar los pasos de los frutos de la serpiente,

deletrear el augurio por encima de mi nombre,
entre maleza de nervios y la catástrofe del trigo,

curando ventanas, trazando lágrimas,
desgañitando mi lápida por debajo de la piel,
cobrando en estigmas las veces del silencio.



-resurrección del vaho



Miro la imposición un instante



(antes que la retina):


los árboles se abren
con la tragedia en sus músculos.


Enrique Martín

martes, 25 de enero de 2011

¿y la sospecha para qué?



domingo, 23 de enero de 2011

TERNURA, de Efraín Huerta

Lo que más breve sea:
la paloma, la flor,
la luna en las pupilas;
lo que tenga la nota más suave:
el ala con la rosa,
los ojos de la estrella;
lo tierno, lo sencillo,
lo que al mirarse tiembla,
lo que se toca y salva
como salvan los ángeles,
como salva el verano
a las almas impuras;
lo que nos da ventura e igualdad
y hace que nuestra vida
tenga el mismo sabor
del cielo y la montaña.
Eso que si besa purifica.
Eso, amiga: tus manos.


Efraín Huerta

sábado, 22 de enero de 2011

OTREDAD

no esperar nada


mas que la espera
y la esperanza


de ser en los otros


ante las retinas de nadie



Enrique Martín.


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Aviso Parroquial: Esta noche Jam Poética en el Bar Cultural Rayuela, en Burjassot. Velada auténticamente poética.

jueves, 20 de enero de 2011

POEMAS DE HOY PARA MAÑANA (2)


Ya está disponible para descargarse en PDF el número 10 Youkali, revista crítica de las artes y el pensamiento. Aquí el enlace desde donde poder descargarla: http://www.youkali.net/


Aquí dejamos una parte de los poemas que se pueden encontrar en la sección poemas de hoy para mañana (la semana pasada pusimos la otra parte!):


Pedro L. Verdejo

Poema tomado del libro Siglo XXI África eufemismos Olvidados (inédito)




Sahara Occidental – Pueblo Saharaui – Hassaniya – POLISARIO – Mohamed VI ‐ Mohamed Abdelaziz ( Frente Polisario), el otro.

Sáhara – Sáhara Viento Sáharam Viento Haramm Arammm
Viento poema viento poema viento número no importa.

A los ojos de los niños Saharauis el número / los números
NO IMPORTAN.

Sá – ha –ra – hara – ra –sa – sa har –a – saha –ragran
elogio monarquía de corte Occidental qué moderno
sáharar sajarar jara ra sajar sar jarajara jará
Mohamed VI VI VI es mohamed con un puño de hierro.

Otros también con sus puños de hierro.
Fosfatos sangre fosfatos muerte.

La cometa de sangre surca los cielos azules, límpidos.
Los huesos quedan limpios, lamidos con cuidado por los vientos.

Aquí nos comemos hasta los huesos.
Sáhara huesos viento sangre‐mi poema viento
Número no importa.

Sájara Mohammed VI vi VI vi a golpe de puño de hierro
Como su padre. Un niño también. Sáhara muerte
Sáhara niño‐muerte. Mohamed. Fosfatos
Muerte. Viento y Muerte.

Sobre las dunas los huesos lívidos.
Las tiendas de campaña como una inmensa ciudad de barro.
Nunca llegan las lluvias sin sangre. Sáhara sangre.
Sajara sangre jara ‐ jara sangre. Jara sangre. Sangrejara.
Jarsangre. Jarsangre.
Sólo Jarsangre.

Mohammed el otro, Polisario, espanta las moscas
como si nada, en silencio, sus ojos miran, hacia el horizonte

El Sáhara siempre se extiende.


mucho más en: http://entrefarolas.blogspot.com/


***

Alba García Alderete

De Dame mi mente que es mía… (edición artesanal fotocopiada)

mamá o papá
la bolsa o la vida
(un hombre acaba de morir)
los ancestros me patean
en la boca.
La sangre nunca se va.
mueren los pueblos,
mueren las mentes
y a mi esta rutina
me embrutece
y debilita.


No somos titanes, pero tampoco borregos.

Mada, Alba y Luna (madre e hijas) escuchando mientras alguien recita. Luna presta especial atención (Voces del Extremo-Moguer 2010)

domingo, 16 de enero de 2011

conversación con una tortuga. (un poema a cuatro manos)

Flanqueados por Jesús Ge y Eddie (J.Bermúdez) en el Perro Andaluz (Sevilla).
(Foto realizada por Deborah Vukusic y la que tituló los cuatro juanetes del apocalipsis.)


Escrito ayer. Porque tenemos 18 y 19 años, escrito a quemarropa. Porque somos poetas, hablando del amor y del silencio. Porque sí y porque no. Juntos. Este poema de Enrique Martín y Jorge Brunete:


Entre los muros blancos se deshace la euforia, apenas quedan tres baldosas para renunciar a la arena, y con los ojos trenzados la tortuga desiste de su piel
entre
recalcitrantes pasos contra las ventanas.

El silencio.
A: Come
K: No. Anido en las pausas un estornudo. Soy una corrupción.

El silencio. Para contabilizar las veces que cayeron las perlas. Los lirios. Los resquicios
de esa nube. No quiero devorar tantos poemas. Arrastro

El silencio (no). No.

Todo tembló entonces porque estaba apunto de llegar.
Y se te partió el labio.
Y no lloraste.
Y abriste la posibilidad que todos estábamos esperando.
Sabíamos que moriríamos.
Pero seguíamos allí. Apoyados en el umbral, justo en la mordedura

en esa ración íntima
inmóvil
fría
cárcel,
de los segundos,

de esa nube,

de tus labios.

Seguíamos allí, retorcidos
sobre la cancela.
Entre nosotros, entre espasmos.

Y no fue una coincidencia
que de todos los lugares del mundo
tu ventana fuera
la que se dedicó a dejar pasar
la lluvia.

El silencio (sí). Tal vez, elisa se peina con un pesebre azul.

Quemamos aquel mediodía todos los rasguños.
Mira. Pulsa sobre el tablero perfectamente llano. Vacío.
Caes sobre mis brazos. Sí.

Tocábamos todo lo que se pusiera por delante.
Todo lo que estuviese a unos pocos centímetros.
No hay tacto.
La música que masticas viene de la papelera de mi habitación.

Pero prefieres alargar las cajas. El abrigo desgastado.

El silencio. aparcado porque creíamos que tal vez ya no nos importaba

o simplemente porque creíamos que se había perdido en la cordura.

Pero aún así nos tocábamos y palidecíamos.

Recuerdo la tarde tonta y los matorrales del aseo público,
el parque con mirada triste,
y a los poetas románticos vaciándose de versos.

Ahora: pulsa sobre el tablero perfectamente hundido: la misericordia del ocaso. Un beso.

La noche templada en la que me acuesto pronto.
Antes de dormir nunca lo pienso.
Que duermo con un pellejo descosido.
Que canto antes de los golpes.
Que un pájaro cubre mis sospechas. Y me cubro hasta la cabeza. El asombro acecha.
Y mi madre vendrá a darme las buenas noches.

Ardía las tos en los pulmones. Íbamos a amarnos brutalmente.
Lo que no recuerdo
es si ya lo sabíamos entonces.
O contábamos con los dedos los días que quedaban para la próxima
cita,

el recuerdo se nubla y llegan los rostros,

se alumbra el siguiente nombre:

desenredé mis uñas. Había un niño altísimo que no quería esconderse.
No diría que fuese valor.
No exactamente.
Era un latido explotando por detrás del hogar.
Sonreía. Dijo: un día te mostraré mi barba.
Dije: la cogeré con mis dos manos. Me enrollaré con ella.
No la extirparé de la inocencia. Te lo prometo.

Te lo prometo.

Ahora: sabemos que el poema es(, sin ninguna duda,) insuficiente

pero,
la duda es ¿suficiente?

¿suficiente como el silencio que se dispone a tirotearnos esta maldita noche?






j.b y e.m

sábado, 15 de enero de 2011

NUESTROS CUERPOS

a taconazos
la luz

soportando la nieve
sobre las sábanas,

a raudales
el aire que se encierra en la estancia,

no im
porta que susurren los insectos
un final trágico

no importa.

con soberbia
la luz,
soportando la cuna en la sombra,

sabe
a
distancia frívola,

revolución de espejos

y te digo
entonces, amor, con locura, la luz,



los cuerpos


los cuerpos




nuestros cuerpos


Enrique Martín.