martes, 11 de febrero de 2014

Carta a Julia


Cuando ya no nos sirva de nada eso de
“cambiar el mundo”
-y nos insisten con tanto empeño
respecto a la imposibilidad de ello,
que quizás
deberíamos sospechar
por contra
que es más fácil de lo que creemos-
entonces,
piensa Julia
que tú eres el mundo

Entonces te digo
que queda un reducto
un lugar impreciso entre la playa de Xeraco
y Gandía
a mitad camino
pero -siendo honestas-
algo más cerca de Xeraco
(en este punto del poema
puedes reírte)

Te diré
que tus ojos siguen cautivándome.
Será que los descubrí
poco antes del crak,
por entonces se llamaba “recesión”
¿te acuerdas?
Y ¿te acuerdas de que aquel año 2008
depositábamos nuestras esperanzas
en la victoria del PSOE?
¿aun te sorprende que te diga
que has cambiado?
¿recuerdas que Julia
nos comentaba que se nos venía encima
una muy gorda?
No entendíamos muy bien
-aunque tú más que yo-
y seguimos sin entender demasiado
o incluso menos

Hemos estado dedicando el tiempo a disolvernos,
a tantear sin rumbo fijo
y con angustia
nuestras posibilidades de futuro.
Más allá de todo eso,
o pateando con alegría “todo eso”,
y con una calma parecida
a tomarme un café contigo,
te digo:
conservamos el cariño,
estamos perdiéndonos
-no la una a la otra, sino
perdiéndonos
sin dejar de dar la cara-
somos invencibles
porque solo queríamos bailar
y no
lo hemos olvidado


J.

viernes, 29 de noviembre de 2013

DE CÓMO LADRAR A CONSTRUIR UN EDIFICIO

A Ximo

¿Si mis palabras
se tuercen
                 -mi         pensar también?


¿Un viaje o una misión?


Las clases obreras no se preocupaban
por la dignidad

sino por 
                   la supervivencia.



Un elogio a las preguntas



Entonces,


¿para qué comer?

Q
Nov. 29-2013

viernes, 15 de noviembre de 2013

PEQUEÑA HABITACIÓN INVERTIDA


“Pero el amor, esa palabra...”
Julio Cortázar

Clarea; aún no, un poco
más tarde; al despertar,
un animal encendido;
tejer y destejer
la sábana todos los días;
pared,
               milímetros,
                                      apenas

quise guardar un incendio.

martes, 5 de noviembre de 2013

THE WOLVES


“(Los libros nos recuerdan constantemente
el generoso comportamiento de los lobos
que no matan al enemigo derrotado)”
Hanna Arendt


Gracias, Josep.


El teclado, las uñas, lo que
puedas compartir; el peligro,
la tostadora, mis ingles; el perímetro,
el terremoto, el aullido; la geografía
del gemido, pan, pan; perdido,
sometido, líquido; las botellas
sin hueco, los ladridos enfermos,
la maleza; venir aquí, todavía aquí; al fondo
de la llanura;
el héroe hacia la nada, pero el héroe; cuando
duele, cuando sangra, cuando llora;
todavía aquí, siempre aquí; las vocales,
las linternas, las pestañas; la suavidad,
el otoño, y lo que queda del tiempo;
triturar el sueño, calentar el alba; añadir,
reponer; quitar; el destino, la boca,
difíciles; el nervio hacia el fin,
las palabras torcidas, mañana triunfaremos;
el cuerpo tendido, añorar la tierra; volver,
estar, amor; ni la tormenta podrá;
he llegado a mi estómago con dientes húmedos;
dormir para despertarse; la música;
una canción que es grito, que es ternura
que se hunde sin nombre;
los pactos cuando temblábamos,
el oxígeno cuando asfixia; perseguidos;
si son las persianas, las ventanas, o el mundo;
el mar decide, el mar exige:
“deja que entre la Naturaleza”; como Juan
Gelman
el amor es lo que me hace ir

contra la muerte.


Q.

jueves, 31 de octubre de 2013

RE-POLITIZAR LA DIGNIDAD



“Ojos que no ven, corazón que no siente”1 así dice el dicho popular. Pero no sé si es del todo cierto. Cuando tenemos al alcance todos los medios de información como los actuales, si seguimos el refrán, tendríamos que habernos levantado en pie de guerra hace ya mucho tiempo. La cultura mediática ha modificado la frase y, de paso, también las estructuras cognitivas con las cuales percibimos la realidad. De alguna manera, para hacer frente al proceso de reestructuración capitalista -cuyo problema real es “la desvalorización de los seres humanos en el marco general de la desvalorización del capital”2- deberíamos invertir (en filosofía puede llamarse “trans-valorización” o “trans-mutación”) el orden del dicho: “Corazón que no siente, ojos que no ven”.

La dignidad ha sido el adalid de todo el supuesto “progreso” moral e histórico de la humanidad. Todo se traducía en ello: los procesos económicos, la ciencia, la técnica, la “paz mundial”... cristalizándose discursivamente en la redacción de los Derechos Humanos. Pero también hay que advertir las operaciones que han impreso en el imaginario colectivo europeo (y occidental, por qué no decirlo) un cierto sentido específico de esta supuesta culminación del progreso de la especie humana. En concreto, y de manera resumida, lo que trato de decir es que deberíamos emitir la hipótesis de que, en cierta manera, a pesar de los “honestos objetivos universales” que tenían, se han conducido hacia la pasivización de la acción política, y más singularmente, a partir de la “crisis” estructural del sistema, que en el Estado español se hace oficial a partir del segundo semestre del año 2008.

Uno de los problemas de la “universalidad” es que si bien se pretende en teoría como una relación global entre los seres humanos como tales, en la realidad, en la materia, opera como un “distanciamiento”; lo cual supone una tendencia a la despreocupación e, incluso, el extrañamiento. Cuando nos vemos universales, nos vemos muy grandes, pero muy poco compactos, pues nos enseñan a concebir unas relaciones exteriores que te ponen en contacto con todas las personas del planeta. Esto, acentuado con la globalización, nos educa en el saber, pero no en el compromiso. Supongo que, hace un siglo (o un par), el trabajador que saliera de su jornada laboral y viera a sus vecinos en unas condiciones de vida con las cuales se sentía identificado, sintiera cómo su corazón se resentía, se conmocionaba y compartía el dolor. De hecho, el internacionalismo (bandera de muchas opciones políticas) partía de esta experiencia concreta: de las circunstancias de vida, y el sufrimiento concreto y local, que se proyectaba y ponía en conexión a todas las explotadas, independientemente del lugar geográfico que ocuparan en el mundo. Los ojos veían, y sentían.
Pero ahora sucede una cosa bien distinta. Ahora hace falta “re-politizar la dignidad”, es decir, volver a replantear una resistencia global al capitalismo (ahora que parece que la manida frase de “socialismo o barbarie”, se ha convertido en “capitalismo o barbarie”) desde las nuevas condiciones de existencia en las que vivimos. Un replantear que es, en realidad, transformar las perspectivas de lucha mediante la recuperación de ese sentimiento al que la pérdida de dignidad nos emplazaba. El corazón ahora, tiene que volver a aprender a sentir. Ahora viajamos en metro, nos sentamos en frente de ordenadores, nos dedicamos a escuchar las noticias... y sólo vemos y vemos cómo se reproduce el espectáculo. Apagamos la pantalla de plasma y se acabó. Eso se llama, en términos absolutos, pasividad. Confiamos en que los tribunales hagan justicia en el mundo entero.


Pero esto no pasa de ser más que una “justicia poética”: ya hemos luchado por la dignidad y ahora que la hemos conseguido, no nos esforzamos por mantenerla. Pero no es ésa la cuestión, sino que, precisamente, no ha habido una justicia histórica. Y que al final, ninguna de esas supuestas victorias que vemos en los derechos universales es real; en cambio, es real que los problemas que presuntamente motivaron la redacción, siguen en la misma situación o se han agravado. El corazón va perdiendo los latidos.


Nos han quitado, como todo lo demás, todo el poder del dolor, que sólo es tal en la medida en que se siente compartido. Nos falta calle, nos falta silencio y pronto nos cobrarán por respirar “para que todo el mundo pueda hacerlo”. Nos vigilan y consumimos. La respuesta por tanto, que yo creo que debe traducirse hacia el marco del compromiso personal (que no es lo mismo que individual) es que, en la medida en que aprendamos a acercarnos y sentir -porque de otro modo es imposible-, descubriremos y veremos, entonces, qué sucede. Y esta visión será una mirada muy intensa, con unas pupilas muy vivas, esta vez sí “con el corazón en el puño”. Este “re-politizar” la dignidad consiste en eso, en tratar de recuperar nuestro “poder”, que con Hanna Arendt puede entenderse como ese grupo de potencias que se reúnen para hacer y actuar, para la acción, para vivir juntas (la política). Creo que sólo entonces nuestro poder tendrá fuerza, cuando sea capaz de saber que la pasividad consiste en no sentir, verdadera y realmente, el dolor de las demás y que sin eso es imposible plantar cara..

...cuando la dignidad se convierte en estar juntas para no sufrir más.


Q.


1Inquietud e idea surgida de un curso de Teatro de la Escucha, coordinado por Moisés Mato.

2Etcétera (colectivo). El actual estado del malestar. Consideraciones y anotaciones sobre la crisis. Febrero 2013. Barcelona.

jueves, 24 de octubre de 2013

P(r)O(bl)EMAS

“En el centro del texto
está la lepra”
R. Bolaño

Porque son palabras cansadas.
Quizá porque no son tan mías.
Porque acerca el golpe.
Las hojas oscuras entre el fango.
Puede ser que se salva el abismo entre lo que podemos o queremos decir.
No vas a admitir que en cada boca es posible transformarse.
A veces sueño con,                   [a veces sueño]
El cadáver de bécquer encima de la cómoda.
Será porque estas palabras son tan mías.
Un beso sin comisuras, un cuerpo sin carne.
Entre lo que queremos decir y lo que podemos decir.

El Abismo.




(esta vez, y sin que sirva de precedente: 
para Marc,
con coraje)

Q





sábado, 19 de octubre de 2013

CALLE POETAS ANÓNIMXS

15.09.2013


Me dijo en sueños que no iba a poner más su nombre
Firmando sus poemas (una sospecha sólo en esta Estructura)
Descifraba entonces su saliva entre la casa tarde quedábamos más tarde
                                                                  [dibujando una esperanza
Las piernas blandas mastican

Y más ética se puso a pronunciar el grito no iba a
Firmar más sus poemas si entre las manos
Con la cabeza gacha pretendía recordar su nombre
La punta de la lengua mi más horizonte en las
Canciones de Silvio un billete de autobús
Comenzó por negar el saludo al poliéster
Y sin embargo en el espejo no aparecía
                        El Olvido

Me dijo que firmara sus poemas con una voz
Inventada con tu voz desgarrada y llena de fugas
Dijo y yo miraba la mosca encendida en los
Cristales
Me dijo que buscara una bonita palabra
Que hiciera justos sus poemas

Yo murmuré en los rincones      -el café desvelado a
Tres centímetros apenas y las papilas gustativas
Me acomodé entre sus cosas y sus bragas
Pensando un nombre
Tan alto y tan pequeño que hiciera de sus versos  (...)

Tratando de escuchar en sus tímpanos
Colgando de sus huesos
El sabor con el que pronunciar
SU NOMBRE

Sin ningún miedo.



Q