martes, 22 de febrero de 2011

un poema a Enrique Falcón

Erase una vez un hombre que escondía conejos por detrás de las encías. que empolló huevos por dos o más generaciones. Y no. no. no eran lianas. eran cables enredados en su pelo andrajoso.

Ahora cuando atiza el fuego de la cueva de otro hombres -a los que llamamos POETAS- le gritan: ¿pero qué coño haces? entonces el enseña su sonrisa de exactamente 50 kg. entonces ellos no tienen más remedio que golpear estrepitosamente su cabeza contra las pinturas rupestres. pum-pum-pum... así hasta que deciden publicar otro libro caído como de la tensión de sus esfínteres.

Y ¿sabéis porque lleva a su hijo subido a los hombros en las manifestaciones? sueña que Juan ve por encima de la multitud y no es capaz de alcanzar con su mirada el final de La Marcha


j.b

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