lunes, 22 de abril de 2013

Poesía política? Antes activista que poeta



Aquellxs que ubicamos nuestra práctica poética en el marco de lo que tantas veces se ha etiquetado de poesía política (pese a las muchas ocasiones en que se ha explicado que poesía política es toda producción poética en la medida en que toda elección estética, ya se consciente o “inconsciente”, conlleva un posicionamiento ético) quizás deberíamos superar nuestras aspiraciones de llevar a cabo una escritura así concebida para pasar a generar una participación política que sea poética. Poética en la medida en que vaya más allá de lo creativo para convertirse en un hacer creador, es decir, que construya nuevos espacios donde las alternativas a esta realidad atroz sean factibles. Poética en la medida en que sea capaz de proyectar lo utópico al margen, y al mismo tiempo en contra de, este sistema homicida. Poética queriendo decir con esto, en resumidas cuentas, que imagine otro(s) mundo(s) posible(s) y además lo(s) haga efectivo(s).

Si nos preguntamos por dónde pasa la poesía actualmente, sin duda no podemos pasar por alto las asambleas de base en barrios, centros educativos y de trabajo, CSOAs, movimientos ciudadanos como el de la PAH o la Campaña por el cierre de los CIEs, etc. (por citar solo algunos de los múltiples ejemplos posibles). Es en estos colectivos desde done se está tratando de hacer de este mundo un lugar habitable para todxs. Esto es, un mundo bello*. Es por ello que, sin descuidar una escritura que acompañe las luchas de dichos colectivos, puede que debiéramos intensificar nuestra presencia en estos espacios en pie de guerra. En definitiva, dejar de ser poetas que participan en estos procesos para pasar a ser activistas/agitadores políticxs (a falta de un concepto más propicio) que además escriben poemas.



*Poesía: “Idealismo, lirismo, cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza, manifiesta o no por medio del lenguaje”

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