En cada farola
hay una huella huérfana.
En la memoria se entrecruzan
la maleza calcinada y un alcohol pobre
de saliva sin palabras. Hay un hombre
atravesado
de cadáveres, un cuerpo cálido
girando sus poros en dirección al silencio.
Entonces, el consistorio
aplaude la manera que tienen las estatuas
de extirparse un lenguaje sin olor.
Esa forma de saborear la tierra con los labios perfumados.
Y sería cierta la mentira
si no significase
el desastre. Esa colección de disparos
que arrancan desde la víctima para ser traición
¿no será el poema, de verdad, esa lentitud sin precedentes, ése espacio
a la vez
funesto y brillante
que de cuenta
de esta sucesión de golpes
con la que nos devuelven nuestros gemidos?
Enrique Martín Corrales.
Poema del día: "Hacerse hombre", de Elie Ramanankavana (Madagascar, 1995)
-
Hacerse hombre
es tragar
tragar la muerte
tragar las migajas de vidrio de un corazón roto
es romperse los dientes
masticando los guijarros de la traición
e...
Hace 1 semana

0 avisos desde la frontera:
Publicar un comentario