martes, 20 de noviembre de 2012

Una guerra


a EL o a ellas, que es lo mismo

este poema es a la puerta del supermercado girando
donde están las yerbas largas que de todas formas
no cubren la superficie del parque donde corría el perro
que escapó aquella noche. No fue una huida

corría como si estuviera dispuesto a ganarnos
o a llegar hasta donde se abre el agua como una grieta
en la puerta de las desconocidas. Subiremos al coche
para comprar algo de comida
como tránsfugas que no quieran aceptar lo sucedido.
Pero resulta que si queríamos. Más de lo que pensamos
en aquel momento.

este poema es una mentira bien abierta en las mañanas de los lunes y es por eso
que no vamos a pronunciar la palabra mentira
porque después de los bombardeos en Gaza no tiene sentido
como no tiene sentido sucumbir
cuando la entrada está prohibida pero no se alcanza con la vista
la llegada del matarife. Arrancaste los mechones de tu pelo
para guárdalos esperando un mejor momento
en que recolectar la metralla que se esparce. Y anudaste los escombros.
Para ver desaparecer los huertos y las plazas con iglesias.

Permanecí asomado al balcón esperando una señal de alerta
que habría de venir cogiéndome por la cintura. Nuestros gritos
tendríamos que guardarlos como espejos tapados con banderas.
Trepaste por el ancho de la boca con la seguridad de las termitas
lo cual con toda seguridad quiere decir
que habremos de ventilar las sábanas antes del verano

este poema cubre los espantos solo de aquellas cuya sonrisa
es una lenta aproximación a las insurrecciones fracasadas.
Por supuesto: asumimos que toda derrota traerá consigo
un recuerdo de como nos atrincheramos
un recuerdo: no supimos que nos golpearían así que se nos alargó la noche.
No supimos que día sería porque no abrimos las persianas.


jorge brunete

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